¿Cómo es el maní de la Valorización? ¿Y a mí qué me importa?

Por: Diego Laserna @DgLaserna

Como saben bien, creo que la revocatoria es supremamente dañina para Bogotá y que a Peñalosa hay que darle la oportunidad de hacer su trabajo. Pero no porque haya un riesgo de revocatoria hay que dejar de señalar las cosas que la alcaldía no está haciendo bien y sugerir cómo lo puede hacer mejor.

En ese sentido quiero discutir el nuevo cobro de valorización que está proponiendo la alcaldía para la construcción de una serie de obras que incluyen calles, parques, ciclorrutas y andenes y que fue discutido el jueves en primer debate.

En teoría el cobro por valorización es una forma de garantizar que los que más se benefician económicamente de una obra sean los que la paguen. Entonces si me construyen un parque al lado de mi casa y gracias a eso el valor de mi apartamento aumenta pues yo debo contribuir con algo de ese aumento para pagar el parque.

Esa es la teoría -y tiene sentido – pero la forma como se viene usando la valorización acá es una recocha brutal por tres razones principales.

La primera es que como la ciudad no tiene plata, deciden cobrarle a la gente la obra antes de construirla. De hecho, antes de tener los estudios y diseños para construirla lo que quiere decir que la cobran sin saber en realidad cuanto va a costar. Entonces la obra hay veces vale dos o tres veces lo que cobraron y empieza la paridera a ver de donde sale el resto de la plata o qué obras de las que habían prometido hacer recortan.

La segunda razón es que como la cobran antes de construirla no saben en realidad qué predios valoriza y cuanto. Entonces para cobrar se inventan una formula ahí medio loca basada en la distancia a la obra, el estrato, la densidad y otro poco de cuentos para estimarlo. Pero en ultimas el cobro no tiene nada que ver con cuanto se le valorizó el predio a la gente y descarta de tajo la posibilidad –real- de que la obra de hecho desvalorice algunos inmuebles.

Y la tercera razón es que como cobran las obras por adelantado solo pueden pagarlas los estratos altos que tienen algo de efectivo y en las zonas más necesitadas no se pueden hacer obras por valorización. Lo cual sigue profundizando la ya dramática desigualdad en bienes públicos de nuestra ciudad.

Para los bogotanos la valorización es sinónimo de corrupción, demoras e incumplimientos. Obras como el deprimido de la 94, el puente que conecta la carrera 9 con la 11 a la altura de la calle 106 o el pulpo de Puente Aranda son cicatrices de la incompetencia administrativa en la memoria de los bogotanos. Estas obras (y las que no vemos porque no se hicieron) son evidencia palpable de la forma como se ha deformado la contribución por valorización y cómo en la practacia esta figura que tiene sentido no es más que un monumento a la chambonada.

Seguramente las vías, parques y ciclorrutas que se proponen en este acuerdo se necesitan pero para la ciudad sería un legado mucho más importante poner en orden la forma como funciona la valorización que cualquier cosa que construyan. Para empezar a hacerlo esta vez deberían hacer estas obras con recursos del presupuesto general o de un cupo de endeudamiento y cobrarlas una vez terminadas, cuando se sepa si de verdad valorizaron los predios de los vecinos o no.

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Diego Laserna estudió planeación urbana. Es activista del Combo2600, comentarista de Alerta Bogotá y un eterno estudiante de mandarín. Le encanta el brillo del la grama del Campín y detesta la sensación mantequilluda de la baranda de los buses. Lo pueden seguir en Facebook acá y Twitter acá

Imagen principal tomada de acá

Este muy buen artículo de Adriana Cordoba ilustra argumentos similares de manera más técnica.

 

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