De la consulta antitaurina y otros odios

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Foto: archivo libre de internet

Por: Gabriel Perez

El día de hoy se encuentra esta noticia: “El 13 de agosto se realizará la consulta popular anti taurina que tendrá un costo aproximado de $35.000 millones”.  Al ver esa cifra, solo se me ocurre pensar en que más se puede gastar el distrito ese dinero, y si vale la pena hacer esa consulta. Antes que cualquier lector desprevenido crea que la idea de este escrito es apoyar las corridas de toros, quiero dejar claro que simplemente pienso en que es más costo eficiente para todos.

Me remito al acuerdo 657 de 2016, en el cual se aprobó el presupuesto de Distrito Capital 2017, y se evidencia que esos 35 mil millones de pesos equivalen a los gastos de funcionamiento del IDRD  o al presupuesto de inversión de la Orquesta Filarmónica, o al del Instituto para Economía Social IPES, o a los recursos de  capital de la unidad de mantenimiento vial.

Pensando la ciudad, y solo en esas instituciones mencionada, es mejor utilizar esos recursos en otras ideas, como por ejemplo que el IPES pueda financiar más emprendimientos empresariales de población subempleada, que la unidad de mantenimiento vial tape muchos más huecos, o que el IDRD pueda destinar más profesionales a promover la actividad física de los bogotanos, o que lindo sería, que la Orquesta Filarmónica iniciara escuelas de formación en las localidades.

Es claro que los animalistas en Bogotá lograrán su objetivo. Hasta pienso que la minoría taurina, no se va a enfrentar a golpiza que les darán en la consulta antitaurina. De igual forma hay que respetar a esta minoría, y bajo una perspectiva meramente económica es claro que sus recursos se dirigirán a la ferias de Cali, de Manizales, de Medellín, donde la tauromaquia hace parte de su idiosincrasia, y los negocios en el sector de la Macarena se verán golpeados en sus ingresos.

Surgen posibles escenarios que lleven a un consenso, con el fin de evitar ese gasto:

  • En vez que la temporada taurina sea de 5 fines de semana al año, se pasen a solo dos.
  • Crear un impuesto exageradamente alto, para alguna finalidad específica, que sea pagado por quienes asisten a toros. Por ejemplo, la boleta más económica en la temporada taurina que acaba de pasar, fue de 130 mil pesos, que tal si esa valiera 500 mil pesos por impuestos. Claramente se desestimula la asistencia a esos eventos.

En fin, la consulta ya fue anunciada, los animalistas celebrarán (de pronto en un asado), los taurinos intentarán mover las influencias de sus políticos representativos (Francisco Santos, Alejandro Ordoñez, etc.), pero queda el sin sabor de 35 mil millones que se podían invertir mejor.

Las opiniones aquí escritas son responsabilidad del autor y podrían coincidir o no con la opinión del Combo2600.

 

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