Nuestro luto por el Defensor del Peatón

Por: Diego Laserna @DgLaserna y Andrés Felipe Archila @AFArchila

En Bogotá poco valoramos a nuestros héroes y sus causas.

Durante años, los antiestéticos e incómodos bolardos han sido soldados del constantemente abusado espacio público y del impunemente agredido peatón. Debido a nuestro irrespeto del espacio público y nuestra falta de cultura ciudadana fue necesario implementar estos adefesios urbanísticos, que hasta ahora cumplieron su misión.

Sin embargo, los bolardos han venido cayendo desde hace algún tiempo, gracias al vandalismo auspiciado por los establecimientos comerciales, los accidentes de tránsito o al simple paso del tiempo. A nadie parece importarle, nadie los recoge y el IDU no los repone. Quedan como un obstáculo más en la acera, del cual nadie se responsabiliza porque el espacio público no importa. Lo de todos no es de nadie.

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Cuando se extravía una tapa de alcantarilla o cuando se abre un hueco en la vía todos protestamos, pero no somos consistentes cuando se rompe un andén o alguien amputa un bolardo. Y recalcamos el “cuando alguien amputa un bolardo”, porque un bolardo de más de 20 kg de concreto y hierro no se cae por sí solo ni se mueve fácilmente. O lo cortan a propósito o fue el único obstáculo que se le atravesó a un vehículo pesado, en exceso de velocidad que se encaminaba a toda velocidad hacia el anden.

Así que en el Combo2600 decidimos hacer un funeral a los héroes caídos en la defensa de los peatones. Recolectamos 10 bolardos caídos a lo largo y ancho de la ciudad y los devolvimos al IDU, en donde oramos por su descanso eterno, la luz perpetua y, sobre todo su pronta resurrección.

Esperamos que la reacción de las autoridades no sea “eso es culpa de los vándalos” o “hace falta educación”, sino que asuman la responsabilidad de recoger y reponer los bolardos caídos. Si no les gustan los bolardos por aquella mezquina miopía política que los asocia con un exalcalde, la administración actual es libre de inventarse el método que prefiera para defender a los peatones y lo celebraremos. Pero encontramos inaceptable que se quede en el discurso de defender al peatón mientras permite que sus pocos defensores vayan desapareciendo sin ofrecer una alternativa.

Porque mientras no creemos la cultura ciudadana que autorregule la tentación de abusar del espacio público, los bolardos seguirán siendo nuestra única esperanza de hacer respetar el espacio y la vida de los que caminamos por Bogotá.

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